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River, detrás de la epopeya más grande

30/01/2015

River, detrás de la epopeya más grande

River no dejará de ser River si pierde ante el Barcelona, como indica la lógica. En cambio, conseguirá algo grande, muy grande, si logra poner de rodillas al equipo español. En primer lugar, alcanzará la conquista más importante de su historia al tener enfrente al mejor conjunto del mundo, según la coincidencia generalizada del ambiente. Para River sería la máxima epopeya de su vida, por encima de la Copa Intercontinental que consiguió en 1986 ante el Steaua Bucarest de Rumania y de las Copa Libertadores que festejó en 1986, 1996 y este año. En segundo término, se convertiría en el primer equipo argentino que se queda con un Mundial de Clubes desde que el torneo empezó a jugarse en 2000. Boca (ante el Milan), Estudiantes (contra el Barcelona) y San Lorenzo (frente al Real Madrid) perdieron las finales que disputaron en 2007, 2009 y 2014, respectivamente.
En definitiva, la final que se jugará a las 19.30 de aquí, las 7.30 de la Argentina, contiene un significado y un componente emotivo superior a las de todas las que River jugó a lo largo de la historia por el simple hecho de que tendrá enfrente al equipo que viene de marcar una época con Pep Guardiola y que ahora, de la mano de Luis Enrique, recobró su paso ganador y esa filosofía futbolera que ya se transformó en una marca registrada mundial. Decir Barcelona es sinónimo de excelencia en el juego, de un fútbol efectivo y bello al mismo tiempo, de brillo individual y colectivo.
De las apreciaciones anteriores se deduce una sensación inequívoca: Barcelona es el máximo favorito, incluso cuando no estén confirmadas las presencias de Lionel Messi y de Neymar, dos de sus tres delanteros estelares (el otro es el uruguayo Luis Suárez). Sin embargo, basta con caminar por el lobby del hotel Sheraton de esta ciudad, con mirar el enorme entusiasmo de la multitud que acompaña a River o con escuchar a los jugadores para entender por qué en el aire también se percibe esa sensación de que el golpe es posible.
“Estoy seguro de que los jugadores van a dar un plus y que se van a jugar todo en la final. Tienen hambre de gloria y saben que están ante el partido de sus vidas”, asegura ante Clarín un integrante del cuerpo técnico de River.
“Amigo, esto es fútbol y todo puede pasar. Por eso amamos tanto a este deporte”, afirma Stefan, un alemán que llegó hasta el búnker de River en busca de dos entradas para la final. En ese “todo puede pasar” del hincha alemán se resumen las sensaciones que vive todo River: es un partido, y en un partido pueden ocurrir los más diversos accidentes.
Un triunfo ante el Barcelona superaría incluso a las mayores hazañas que consiguieron los equipos sudamericanos ante los europeos en la ya discontinuada Intercontinental: Peñarol de Montevideo ante Real Madrid en 1966, Estudiantes de La Plata frente a Manchester United en 1968, Independiente contra la Juventus en 1973, y Boca ante el Real Madrid y el Milan, en 2000 y 2003, respectivamente.
El periodista Santiago Giménez Blanco, enviado especial del diario As de España al Mundial de Clubes, ratifica una sensación dominante en Argentina: el Mundial de Clubes es más importante para los equipos sudamericanos que para los europeos. “En Europa, ganar la Liga de Campeones es más relevante que conseguir el Mundialito”, sostiene. Para los ojos y el sentir argentino, en cambio, la Intercontinental antes y el Mundial de Clubes ahora, son el principal objeto de deseo de los hinchas. Incluso hay un componente fáctico, más vinculado con el folklore y con la cultura futbolera, que le da al hecho de ganar en Japón el status de gloria máxima.
River fue campeón del mundo una sola vez: en 1986, cuando Antonio Alzamendi le dio la victoria ante el Steaua Bucarest de Rumania, verdugo justamente del Barcelona en la final de la Champions League, hace ya 29 años.
La segunda y última vez que el equipo argentino jugó la Intercontinental fue en 1996: aquella vez, la Juventus de Italia le ganó 1 a 0 (gol de Alessandro Del Piero) en el marcador pero por bastante más en el desarrollo del juego. Las diferencias futbolísticas y físicas en favor del conjunto italiano fueron marcadas aquella vez, al margen de que River estuvo cerca de empatar el partido sobre el final.
“Sabemos lo que nos jugamos. Queremos seguir haciendo historia”, afirma Marcelo Barovero, el capitán del campeón de América. “Sería muy lindo regalarle a toda esta gente que vino a acompañarnos la alegría de ganarle al equipo que es considerado por todos como el mejor del mundo”, comenta Leonel Vangioni, otro de los referentes de un plantel muy motivado.
River lo cree posible e incluso sus jugadores prefieren que jueguen Messi y Neymar. Para que la gloria soñada sea todavía más grande.

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